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Messi vence a Nigeria y clasifica a la Argentina
DEPORTES | | 2018-06-26 |
Gritalo, Leo. Messi toca el cielo con las manos tras convertir el 1-0 parcial sobre Nigeria. (Foto: Especial)
La imagen ya es inmortal. De rodillas ante el mundo. Rendido ante el cielo, con sus brazos en alto y sus ojos desenfocados. Entregado al desahogo. Al agradecimiento divino. Lionel Messi y su festejo de gol es la alegoría perfecta de esta Selección que elevó sus plegarias al 10 para romper con tanto sufrimiento, con demasiada agonía. Este Messi sí es el verdadero Messi, el que todos quieren ver, siempre. Revive en el momento más extremo, cuando los estómagos se aprietan y duelen de tanto nervio y ansiedad.

Ahí, el genio señala el camino correcto hacia la salida de un laberinto fatal. Mata con el muslo izquierdo esa pelota perfectamente enviada por Ever Banega, la acomoda con el empeine de esa misma pierna y define cruzado con la derecha -la menos mágica de las dos- para deshacer ese hechizo que lo tenía atado de pies y alma en este Mundial.

Bienvenido a Rusia 2018, Lionel. Revive Messi y revive la Selección. Como en Quito, pero en la Venecia del Báltico. Aquí, en San Petersburgo, también hay milagros pintados de celeste y blanco. Y también llegan de los pies del genio rosarino. No habrá hecho un triplete esta vez, pero su tanto -el número 100 de este Mundial- y su empeño a pura sangre y corazón en un final dramático valen mucho más que un hat-trick.

Leo jugó como crack y como capitán.

No podía pasar sin pena ni gloria por esta Copa del Mundo, Messi. Justo él, que se preparó como ninguno. Que estudió cada esfuerzo en los últimos meses para no desgastarse demás, para llegar fino, al cien por ciento. Pero el fútbol a veces se empecina en hacerlo todo más difícil. Y le tenía preparado un arranque mundialista maléfico. Con el penal errado ante Islandia y con su peor actuación con la camiseta de su país contra Croacia.

Andaba con el ánimo roto, el 10. Sin embargo, el cumpleaños que celebró el domingo en la concentración de Bronnitsy, las muestras de cariño, el aliento de la gente que copó literalmente San Petersburgo y plantó bandera enfrente del hotel de la Selección el día anterior al duelo definitivo para demostrar su apoyo incondicional, lo reavivaron. Lo reactivaron. Y volvió a ser él justo a tiempo.Pero la historia si no es sufrida no vale para la Argentina. Entonces, vino el penal de Javier Mascherano y el empate africano. Y otra vez a apretar los dientes. Por un lapso del complemento los fantasmas de siempre intentaron asustarlo a Lionel. Se desarmó el juego y eso no benefició a Leo, para nada. Pero había que meter para seguir. Y Leometió, corrió, trabó y hasta fue amonestado.

El 2-1 de Marcos Rojo fue el descontrol. Messi subido a cocochito del defensor del Manchester United fue la otra foto en la noche de cielo celeste. El guiño a Sampaoli con un choque de manos al pasar por el banco fue otro gesto oportuno para combatir "todas las boludeces que dicen". Estuvo en todas Messi.